lunes, 20 de febrero de 2012

The Help: ¿A qué tenemos miedo?


The Help
2011
Tate Taylor


Somos esclavos que esclavizan. Esclavistas modernos, del siglo XXI. Odiamos, maltratamos, atamos pero, más que eso, tememos. Nuestro devenir se resume en el miedo a los demás y el miedo a nosotros mismos.
La cultura sensacionalista señala, fabrica culpables, nos vuelve jueces de los mismos delitos que ayudamos a cometer.  Allí está el punto.

Un crimen horrendo es la punta de una pirámide compuesta por miles de acciones pequeñas, medianas y grandes. Como en una pirámide de Lego, cada acción, cada frase, cada omisión va asegurando el sistema, en espera de la joya que corone nuestra bajeza. En espera del holocausto.

Cada pieza del Lego es un acto discriminatorio. La segregación nos vuelve vulnerables. Las victimas somos todos. Se trata de una guerra donde todos estamos destinados a perder.

En la segunda década del tercer milenio, hojeamos los libros de historia, miramos películas que versan sobre la segregación racial y nos indignamos, sin apartar los ojos de la pantalla.

La cinta TheHelp, ambientada en los turbulentos años 60 de los Estados Unidos, nos cuenta una historia que ya conocemos, en voz de las sirvientas que en Mississippi se tragaban el orgullo para ser esclavizadas por las señoras de alta sociedad.



El sistema estaba y está cerrado. Parece que las revoluciones pasan lejos de nosotros y pasaban lejos de ellas. El discurso de Luther King se daba a cientos de kilómetros y a años de nosotros. Pero una breve estría en el muro puede cambiar, pudo cambiar, un poco, la forma en que vivimos, la forma en que vivieron.
“Dios dice que amemos a nuestros enemigos”, asevera la mujer que ha sido corrida de la casa donde servía a cambio de unos cuantos dólares, acusada de robo, sobajada por su color de piel. Pero para amar, hay que amar, antes que nada, en primera persona. Aunque las manos tiemblen, aunque la voz se debilite y el miedo nos invada.

Eran días difíciles, de racismo y temor, de muerte y odio. Y aunque parezcan haberse diluido, no hemos tirado la pirámide. No nos atrevemos. ¿A qué tenemos miedo?

Mantenemos un lenguaje sexista y conductas misóginas. Evitamos las relaciones con otras culturas,  a las originarias, las dejamos morir de hambre. Las iglesias demuestran su odio a las personas diferentes, desprecio a las mujeres. La cultura menosprecia por igual a la infancia ya la vejez. La ciudad es difícil para el peatón, imposible para los discapacitados. ¿A qué tenemos miedo? Hay una paradoja. Los discriminados, contra nosotros (muchas veces también segregados), avanzan; nosotros no.

¿Y que falta? La bien lograda, simple, dolorosa, pero con buen humor, TheHelp, nos da una respuesta que suena a lugar común, pero que se queda rondando la cabeza: atreverse. Tal vez funcione y un día tiremos la pirámide, cuando quitemos un Lego más de la base.

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